17 de septiembre, una mujer asesinada y su hijo grave en Granollers (Bacelona)

No me había enterado de esta noticia hasta hoy. La semana pasada una mujer más fue asesinada por el exmarido de ésta e hirió grave a su hijo de doce años.
Ocurrió el día 16 de septiembre, la noche del martes, en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona). Ella se llamaba Fuensanta Coy Martínez, tenía 45 años y fue brutalmente apuñalada delante de su hijo, de 12 años que recibió también una puñalada en el abdomen y está hospitalizado con carácter grave.

Con esta mujer eran ya, hasta ayer, 56 las mujeres asesinadas en lo que va de año por sus compañeros o excompañeros (se incluyen una decena de ellas que no son computadas todavía como violencia machista por el Ministerio de Igualdad por seguir en investigación o por no poderse probar el asesinato al haber sido muertes atribuidas a causas naturales tras una discusión, suicidios de mujeres acosadas, etc). Siguiendo la campaña UNA POR UNA esta entrada TRES POR UNA visibiliza a una gran mujer, revolucionaria y gran luchadora por la igualdad (quizá por eso poc conocida). (podéis ver otro listado en el siguiente enlace)

Alexandra Kollontai (San Petersburgo, 1872 – 1952)


Mujer revolucionaria por autonomasia, figura importante de la revolución rusa y por su aportación teórica y práctica a la lucha inseparable por el socialismo y la igualdad de la mujer. Además fue la primera mujer que participó en un gobierno y la primera en ejercer la función de representante de su país en el extranjero.
Aunque su familia era muy liberal, sin embargo, ni aún así se le dejó ir a la escuela para no encontrarse con “malas influencias” por lo que fue educada por un instructor particular.
Después de haber estudiado historia del trabajo en Zurich, volvió a Rusia en 1899 y se afilió al Partido Social-Demócrata. En 1903 se celebró el II Congreso del Partido Social-Demócrata ruso, donde una discusión sobre qué tipo de partido debía construirse dio lugar a la escisión entre bolcheviques y mencheviques. Kollontai decidió no decantarse por ningún grupo, ofreciendo su colaboración a ambos. En 1905 presenció la matanza de obreros en la manifestación frente al Palacio de Invierno. A partir del ‘Domingo Sangriento’ se desarrolló la agitación revolucionaria por toda Rusia y aparecieron los primeros soviets o asambleas de trabajadores. Kollontai trabajó escribiendo artículos y organizando a las trabajadoras rusas. Tuvo que exiliarse de Rusia tras la publicación del panfleto “Finlandia y el socialismo”, donde animaba a los finlandeses a sublevarse contra las autoridades rusas. Militó entonces en el Partido Socialdemócrata de Alemania, donde entró en contacto con Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, del Partido Laborista inglés. Se posicionó contra la guerra (en 1916 escribió el folleto “¿A quién beneficia la guerra?” y posteriormente se unió a la postura revolucionaria antiguerra de los bolcheviques los dos años siguientes dio conferencias por Estados Unidos (invitada por el Partido Socialista norteamericano) en más de 80 ciudades, explicando las razones para oponerse a la guerra.
En 1917, durante la revolución rusa, Alexandra volvió a Rusia y fue elegida miembro del comité ejecutivo del reorganizado Soviet de Petrogrado. Al llegar Lenin a Rusia, éste se puso al lado de Kollontai y reclamó todo el poder para los soviets en sus “Tesis de abril”, y lograron convencer a la dirección del Partido Bolchevique. El 10 de octubre el Comité Central votó a favor de la insurrección y el 25 tuvo lugar la toma del Palacio de Invierno que instauró las bases para un estado obrero. En el nuevo gobierno, Kollontai fue elegida Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública.
Con la revolución rusa se alcanzó una igualdad política, económica y sexual entre mujeres y hombres y, con ella, se establecieron las bases para una igualdad real entre sexos. Las mujeres consiguieron el pleno derecho al voto, las leyes civiles hicieron del matrimonio una relación voluntaria, eliminaron la distinción entre hijos legítimos e ilegítimos, igualaron los derechos laborales de la mujer a los del hombre, dieron el mismo salario a las mujeres y un salario universal de maternidad. También la Rusia soviética fue el primer país del mundo donde se estableció total libertad de divorcio y donde el aborto fue libre y gratuito. Para eliminar las bases económicas de la familia tradicional se establecieron una serie de decretos que abolieron el derecho de herencia, de modo que las propiedades de los ricos fallecidos pasaban al estado y se invertían en transferir el trabajo doméstico a las instituciones públicas: casas de maternidad, guarderías, parvularios, escuelas, comedores populares, lavanderías populares, centros de reparación de ropa, etc., que ayudaron a la mujer a librarse de las tareas tradicionalmente asignadas a ella.
En noviembre de 1918 se celebró el primer Congreso de Mujeres Trabajadoras de Rusia que fue organizado, entre otras, por Alexandra Kollontai, quien realizó algunos de los discursos más importantes y donde reclamó el mayor esfuerzo para luchar contra el analfabetismo mediante la educación de las mujeres. Ella creía que la nueva sociedad y la igualdad entre los sexos se conseguiría no sólo con la transformación de las bases económicas que producen las desigualdades, sino también con un cambio en las relaciones sexuales entre las personas. Alejándose políticamente de sus compañeros de partido, llamó a una revolución cultural que transformase las relaciones interpersonales. Para ello propuso una nueva forma de vida basada en el amor y el compañerismo. En ese sentido formuló la teoría llamada del ‘vaso de agua’, invitando a las mujeres a consumir la sexualidad como un vaso de agua, rompiendo así con las viejas relaciones sexuales. Admitió todo tipo de unión por amor, a excepción de existir peligro para la salud y a excepción de la prostitución en todas sus variantes. En este sentido destacan los escritos: “Los fundamentos sociales de la cuestión femenina”, “La sociedad y la maternidad” o “Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada”.
Con la guerra creció el desempleo y las mujeres fueron las más perjudicadas. Poco a poco, las conquistas de la revolución se fueron desvaneciendo. La aparición del estalinismo significó la vuelta al papel tradicional de la mujer, con una política conservadora de exaltación de la familia y la procreación privada. La homosexualidad fue criminalizada en 1934 y se lanzó una campaña contra la promiscuidad sexual y el adulterio. La maternidad se convirtió en un tema central de propaganda y en el 1936 se ilegalizó el aborto salvo en casos extremos. En 1943 se introdujo la educación separada para chicas y chicos. En el 1944 se penalizó el divorcio con sanciones económicas impagables para la mayoría. Desgraciadamente, la sumisión de las mujeres fue sólo uno de los aspectos de la contrarrevolución estalinista. Kollontai no pudo impedir estos retrocesos debido a su edad y enfermedad pero seguirá siendo una inspiración total para los y las revolucionarias de hoy.

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Pais Vasco - Juan

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