“LA HEMOS ENTERRADO COMO UNA PUTA”

El sepulturero, una vez violada por varios hombres y asesinada a tiros, aún quiso una mayor humillación en la fosa común anónima donde iba a abandonar el cadáver:

“puso a un hombre debajo de ella, luego puso [el cuerpo de] mi tía encima y [el cuerpo de] otro hombre penetrándola encima; uno abajo y otro arriba (…) “va a quedar satisfecha” (…) se lo contó disfrutando, a carcajadas limpias (…) la hicieron correr por el cementerio y abusaron de ella. Luego la mataron. El sepulturero enterró su cuerpo en esta posición y dijo: ‘La hemos enterrado como una puta’“.

Una violencia extrema del franquismo contra las mujeres y niñas, que según muchos testimonios que he leído por ahí, eran violadas entre muchos y repetidamente, también utilizando palos y muchas veces a las vistas de sus padres, madres o maridos a los que después mataban delante de ellas.

Esta frase resume así de duramente cientos de casos de represión de los golpistas franquistas en la Guerra Civil española y posterior represión de la dictadura. Lo malo es que muchos de estos asesinos y depredadores sexuales han estado en puestos de importancia posteriormente, incluso tras la finalización de la dictadura y la llegada de la democracia. Posiblemente algunos han vivido en democracia con medallas otorgadas por militares y ministros que apoyaron este genocidio franquista. La transición española, cerrada en base al miedo a los militares golpistas mantuvo las cunetas cerradas decenas de años, y sólamente algunas han podido abrirse. Los herederos del franquismo siguieron en las cúpulas del ejército, en la cúpula de la justica franquista maquillada con otro nombre, en las cúpulas policiales y tribunales de orden público…y ellos pusieron a los que les sucedieron, que hoy siguen siendo muchos de ellos grandes mandos en reserva o activo de este ejército, justicia y policía española.
Seguramente se necesitarían dos generaciones más para tarsladar la democracia a esos eslabones, pero viendo los herederos del franquismo, VOX, en el parlamento, igual el golpismo sigue instaurado en las instituciones armadas y jurídicas muchos más lustros. Ahí están los torturadores como Billy el Niño muerto de viejo sin poder ser desposeído ni siquiera de sus medallas y honores por los que cobraba una mejor jubilación, o los militares en la reserva o en activo que firman sin ningún pudor manifiestos franquistas, Tejero invitado a homenajes en cuarteles, banderas franquistas en cuarteles y locales del ejército, calle dedicadas a asesinos de miles de personas……

Pero volviendo al asunto de esta entrada, la autora de la frase que ilustra esta entrada es Laura Muñoz-Encinar, doctora en Historia por la Universidad de Extremadura , con un a premio extraordinario de su doctorado en 2016, con un a Máster Erasmus Mundus en Arqueología Cuaternaria y Evolución Humana, con especialización en Antropología Física y Paleopatología- por la Universidad Rovira i Virgili (2006) y que actualmente es investigadora postdoctoral en la Escuela de Memoria del Patrimonio y Cultura Material de la Universidad de Amsterdam. Su investigación se centra en un estudio holístico de las fosas comunes a través de un enfoque interdisciplinario que combina historia, arqueología y antropología forense.
Esta doctora ha publicado un extenso artículo, en inglés, en la revista World Archaeology, cuyo título traducido es “Descubriendo la represión de género: un análisis de la violencia sufrida por las mujeres durante la Guerra Civil y la dictadura de Franco en el suroeste de España” (ARTÍCULO ORIGINAL EN INGLÉS EN ESTE ENLACE) Supe de él gracias a un artículo resumido sobre ello en Eldiario.es de @JuanmiBaquero (ver enlace al final), donde se narra la experiencia de una de esta mujeres violadas, torturadas y asesinadas: Antonia Regalado Carballar, ejecutada cuando tenía 22 años en Fregenal de la Sierra
Los testimonios se basan en lo encontrado en las tumbas comunes excavadas y en las fuentes orales de un familiar y el propio enterrador.
Como hemos dicho, el artículo de Eldiario resume el más extenso titulado citado donde Muñoz Encinar documenta cómo “durante la Guerra Civil y la dictadura franquista las mujeres republicanas sufrieron un tipo de violencia específica basada en el género”.
Este trabajo postdoctoral analiza “el tratamiento y uso de los cuerpos y las víctimas como parte de las estrategias de represión y exploro su significado simbólico”.
Los rebeldes franquistas nunca perdonaron a las mujeres haberse salido de sus caminos de mujer de casa, esposa y madre y por ello ejercieron sobre ellas una especial represión de género, que incluía muchos tipos de vejaciones sexuales o “antifemeninas” (pasearlas desnudas por los pueblos, cortarles el pelo al cero,…, aparte de ser violadas por muchos hombres, destrozarles la vagina con palos, los pezones, vejarlas haciéndolas mirar como torturaban a los maridos antes de matarlos, o violarlas delante de sus hijos o maridos, uno tras otro, todos los hombres del pelotón que las hacía prisioneras, destrozarles los pezones o los senos, introducir en sus vaginas también palos y otros objetos, incluido ratas, y finalmente asesinarlas y enterrarlas en cualquier cuneta. A veces su único crimen era ser madre o esposa de un miliciano, otras ni eso, sólo ser sospechosas y chivada por algún vecino.
Según la autora, “La estrategia represiva franquista desarrolló mecanismos complejos de castigo físico y psicológico”, “El castigo femenino podía ser físico, a través de la ejecución, tortura y violación primero durante la guerra y luego en las cárceles de Franco”, añade. Las mujeres empleadas “como un arma de guerra”. Y los hombres “usando la violación de sus cuerpos para aterrorizar y castigar a los enemigos”. Porque en las guerras, continúa, “a lo largo de la historia las mujeres han sido víctimas de todo tipo de actos de violencia sexual”. La Guerra Civil española no fue una excepción.

“En el caso español la violencia de género no se dio solamente durante el período del golpe de Estado, sino que continuó durante la guerra y también con fuerza durante la dictadura, tanto en las cárceles franquistas como en la lucha contra la guerrilla armada”
“La violencia contra las mujeres arañaba sustento en el trabajo de “ideólogos franquistas” como el psiquiatra y militar Antonio Vallejo-Nájera, consideraban a las mujeres seres inferiores y volubles, que hacían uso de las revoluciones sociales para dar rienda suelta a sus latentes apetitos sexuales, convencidos de su crueldad, perversidad innata y criminalidad natural”, describe la investigadora. “Para el franquismo las mujeres carecían de derechos civiles y políticos, construyendo el ideario de mujer en base a una estructura patriarcal católica”. Unos principios “que fueron puestos en práctica a través de Auxilio Social y la Sección Femenina de Falange, bajo un discurso de humildad y sometimiento”.
Esta “selección de las víctimas”, y la pedagogía del terror aplicada desde “el tratamiento de los cuerpos vivos y muertos”, no termina con el fin de la Guerra Civil. “Muchas mujeres confiaron en las palabras de Franco y volvieron a sus pueblos”. Error. “Fueron detenidas de forma inmediata, como la maestra Matilde Morillo, al descender del tren con sus hijas. Fue torturada, violada y ejecutada. Su cuerpo permanece aún desaparecido”, cuenta.
“Uno de los casos más significativo es el de Antonia Regalado Carballar, ejecutada cuando tenía 22 años en Fregenal de la Sierra”, relata Muñoz-Encinar. Según las fuentes orales, de un familiar, el enterrador “puso a un hombre debajo de ella, luego puso [el cuerpo de] mi tía encima y [el cuerpo de] otro hombre penetrándola encima; uno abajo y otro arriba (…) va a quedar satisfecha (…) se lo contó disfrutando, a carcajadas limpias (…) la hicieron correr por el cementerio y abusaron de ella. Luego la mataron. El sepulturero enterró su cuerpo en esta posición y dijo: ‘La hemos enterrado como una puta’“. El cuerpo de Antonia no apareció nunca. “Pero sí el de otra mujer más mayor que había sido enterrada del mismo modo“. No era un “procedimiento puntual” y sí “una práctica habitual de vejación” que iba más allá de la muerte. “Dentro de mi investigación son muy significativos los casos de varias mujeres represaliadas embarazadas”, añade. Como “una mujer ejecutada en avanzado estado de gestación, en su pelvis hallamos los restos de un feto de entre 7 y 9 meses“.
“El porcentaje de mujeres asesinadas es inferior al número de varones“, matiza Muñoz-Encinar. Porque, “lejos de un intento de ser aniquiladas”, ellas vivieron la “crueldad extrema” de los golpistas como un plan centrado “en la ejemplaridad“. La “violencia específica ejercida sobre el cuerpo de las mujeres estuvo basada en el fin purificador del franquismo y la política de deshumanizar a las mujeres antifascistas”. Y “en las fosas comunes encontramos las evidencias de esas mujeres que fueron torturadas y ejecutadas”, sostiene. Abrir las tumbas ilegales permite leer las graves violaciones de los Derechos Humanos cometidas por el franquismo y que España continúa sin resolver. La información que aporta “el estudio de los restos óseos” es clave: para conocer “el perfil biológico de la víctima” o sobre la “violencia” recibida “y el modo de ejecución”.
Este es un trabajo está centrado en Extremadura, pero los resultados son extrapolables al resto del país. “Durante la ocupación militar numerosas mujeres fueron violadas y ejecutadas, no en pocas ocasiones embarazadas“, explica. Y hay veces en que “la vejación de las víctimas no finaliza con la muerte”. Ahí está el episodio vivido en el municipio pacense de Fregenal de la Sierra, donde “varias mujeres fueron enterradas desnudas entre dos varones”, un proceder que muestra “un alto componente simbólico”.
La tierra también desvela cómo las mujeres eran “generalmente las últimas en ser introducidas en los depósitos y con patrones de enterramiento diferentes a los varones”. Ellas eran “víctimas de múltiples tipos de represión sexuada con un componente altamente simbólico como medida para desacreditar a la Segunda República”.

Como he comentado al principio, este reportaje de Eldiario es un resumen del artículo original de Laura Muñoz Encinar (publicado en inglés) en la revista World Archaeology, cuyo título traducido es “Descubriendo la represión de género: un análisis de la violencia sufrida por las mujeres durante la Guerra Civil y la dictadura de Franco en el suroeste de España”
Para quienes no entienden inglés, he querido traducir, ayudado por un traductorWeb, todo el texto completo, que repito acto seguido:

Descubriendo la represión de género: un análisis de la violencia sufrida por las mujeres durante la guerra y la dictadura de Franco en el suroeste España

Laura Muñoz-Encinar (2019) Desenterrando la represión de género: un análisis de la violencia sufrida por las mujeres durante la guerra civil y la dictadura de Franco en el suroeste de España, Arqueología mundial, 51: 5, 759-777, DOI: 10.1080 / 00438243.2020.1740775. Publicado online: 26 de marzo de 2020. L.Encinar: Escuela de Ámsterdam para el Patrimonio, la Memoria y la Cultura Material, Universidad de Ámsterdam, Ámsterdam, Países Bajos; b Departamento de Historia, Universidad de Extremadura, Cáceres, España

RESUMEN

La estrategia represiva franquista desatada tras el golpe de Estado del 17 de julio de 1936 desarrolló complejos mecanismos de castigo físico y psicológico.
Dentro del sistema represivo de Franco existía un procedimiento específico aplicado a las mujeres republicanas. En este artículo ofrezco un análisis de la represión sufrida por mujeres durante la Guerra Civil Española y la dictadura de Franco en el suroeste de España. Para ello, me baso en historias de mujeres víctimas, que sufrieron humillación física y psicológica, y en fosas comunes con cuerpos de mujeres. La investigación se basa en un estudio holístico de fuentes materiales, orales y escritas desde una perspectiva histórica, arqueológica y antropológica forense. Se argumenta que las diferentes estrategias represivas utilizadas contra la población femenina por el fascismo español fueron motivadas por la percepción de las mujeres como ciudadanas de segunda clase y por tanto inferiores a los hombres. Su castigo siguió criterios de ejemplaridad.

Introducción

El 17 de julio de 1936 tuvo lugar en España un alzamiento militar contra el gobierno legítimo de la Segunda República. El hecho de que el levantamiento fracasara en parte del país provocó la ocupación militar de las zonas que no apoyaban el golpe, que se convirtió en una guerra civil en toda regla que terminaría el 1 de abril de 1939, con la derrota total de la República ( Espinosa 2002) y el establecimiento de la dictadura del general Francisco Franco, que se prolongó hasta su muerte en 1975. En el estudio de la represión franquista se han definido dos períodos principales. Desde el 17 de julio de 1936 hasta febrero de 1937, hubo una etapa en la que los partidarios de la rebelión contra la República actuaron mediante la aplicación de los denominados Decretos de Declaración de Guerra, que fomentaban la violencia extrajudicial. A partir de febrero de 1937 se establecieron juicios sumarios de emergencia que funcionaron hasta 1945 (Espinosa 2011, 2013). Sin embargo, durante este período se siguió muriendo personas por medios extrajudiciales. Este procedimiento no se limitó al período del conflicto. También continúa durante los primeros años de la dictadura hasta 1948 (Espinosa 2013). Junto a estas formas de violencia extrema, la represión franquista también recurrió al encubrimiento de los crímenes, la destrucción de pruebas y la propaganda (Espinosa 2013). El aparato represivo franquista no solo contempló la eliminación física de las personas: también desarrolló complejos mecanismos de castigo psicológico que incluían, desde el inicio de la guerra, la segregación, persecución, acoso y encarcelamiento de los sospechosos, así como la incautación de sus bienes. o la aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas, entre otros (Espinosa 2002; Casanova 2002).
Dentro del sistema represivo franquista existía un procedimiento específico aplicado a las mujeres republicanas (Espinosa 2002; González-Ruibal 2014). Sufrieron una violencia específica como consecuencia de su actividad política durante la República o por ser esposas, madres, hermanas o familiares de republicanos (Nash 2015; Sánchez 2009; Solé 2016). Las diferentes estrategias represivas utilizadas contra los grupos femeninos por el fascismo español fueron motivadas por la percepción de las mujeres como ciudadanas de segunda clase y por tanto inferiores a los hombres. Según ideólogos franquistas como Juan Antonio Vallejo-Nágera, las mujeres intelectualmente inferiores y poco fiables y utilizaban las revoluciones sociales para dar rienda suelta a su apetito y crueldad sexual (Vallejo-Nágera y Martínez 1939). La consideración de la mujer como subalterna llevó a la aplicación de diferentes tipos de castigo que no siempre implicaron la muerte (Solé 2016). Por un lado, podría ser físico, mediante la ejecución, tortura y violación de mujeres (Richards 1999; Preston 2011) primero durante la guerra y luego en las cárceles de Franco (Rodrigo 2008). Por otro, también podría ser psicológico, al eliminar aspectos de su feminidad a través del afeitado de su cabello y su exposición pública después de haber ingerido aceite de ricino, lo que les causó una diarrea severa – el supuesto propósito era ‘echar el comunismo fuera de sus cuerpos ‘(Richards 1999, 58–59). Las mujeres republicanas fueron caricaturizadas como prostitutas (Gómez 2009), debido a sus esfuerzos por lograr la emancipación y la igualdad de derechos durante la República y su lucha contra la cultura patriarcal y la moral católica (Nash 2015). Después de la guerra, muchas mujeres que habían quedado en la indigencia y fueron marginadas debido a sus credenciales republicanas fueron llevadas a la prostitución (Casanova 2002).
En este artículo presento un análisis de la represión sufrida por las mujeres republicanas durante la guerra civil y la dictadura de Franco en el suroeste de España. Para eso, recurro a las historias de mujeres, que fueron víctimas de humillaciones físicas y psicológicas, algunas de las cuales finalmente fueron asesinadas o desaparecieron. En algunos casos, proporciono datos recopilados de fosas comunes, que contenían los cuerpos de mujeres ejecutadas por partidarios del franquismo. Mi investigación se basa en un estudio holístico de las fosas comunes a través de un enfoque interdisciplinario, que se basa en la historia, la arqueología y la antropología forense (Muñoz-Encinar 2016, 2019a; Crossland 2000, 2009, 2013). Esta combinación de disciplinas me ha permitido desarrollar un análisis integral de la violencia política contemporánea, que abre nuevas vías para la producción de conocimiento histórico en relación a estos contextos (Muñoz-Encinar 2016, 2019a).

CAMPO DE ESTUDIO, MATERIALES Y MÉTODOS

Mi investigación se llevó a cabo en Extremadura, una región ubicada en el suroeste de España. Esta comarca incluye dos provincias, Cáceres y Badajoz. En la provincia de Cáceres, el apoyo al golpe fue casi inmediato. La población de esta zona respaldó el levantamiento desde el 18 de julio (Chaves 1997). La provincia de Badajoz vivió el golpe de manera muy diferente, ya que siguió apoyando al gobierno republicano. Desde principios de agosto, los rebeldes llevaron a cabo la conquista de territorios gubernamentales. Con el avance de las tropas rebeldes, muchas de las partes central y occidental de la provincia fueron ocupadas. Durante el otoño de 1936, se establecieron las líneas que delimitan el Frente de Extremadura: el Frente se redujo significativamente en una nueva ofensiva en 1938 pero permaneció bajo el control republicano hasta el final de la guerra civil en 1939.

Según publicaciones recientes, alrededor de 14.800 hombres y mujeres murieron extrajudicialmente en la región de Extremadura (Chaves et al. 2013). Entre ellos, alrededor de 1.600 personas murieron como consecuencia de la represión republicana. La represión franquista causó más de 13.200 víctimas, incluidas más de 9.200 personas ejecutadas sin juicio. Las víctimas de la represión irregular fueron detenidas ilegalmente por razones políticas y eliminadas en virtud de los Decretos de Declaración de Guerra vigentes entre julio de 1936 y 1948. Su rastro se perdió en el proceso represivo: los cuerpos de estos individuos fueron enterrados en fosas comunes, arrojados a lechos de ríos o enterrados en minas. Según investigaciones históricas recientes, el número de mujeres víctimas de represión irregular fue menor que el de hombres (Martín 2015; Chaves 1995). En la provincia de Badajoz, el 9% de las víctimas de la represión irregular fueron mujeres (Martín 2015). En la provincia de Cáceres, el asesinato de mujeres representa el 7% de las muertes como consecuencia de la aplicación de los Decretos de Declaración de Guerra (Chaves 2012). Sin embargo, existe un número indeterminado de mujeres ejecutadas de las que no existe información documental. La única evidencia que tenemos sobre estos casos proviene de fuentes orales. El número de mujeres que fueron sometidas a consejo de guerra también fue menor que el de hombres: el 10% del total de víctimas procesadas en la provincia de Cáceres fueron mujeres (Chaves 2012), y el 5% de las víctimas en Badajoz (Chaves Rodríguez 2015). ). La mayoría de las mujeres recibieron penas de prisión y las penas de muerte se redujeron significativamente.

En Extremadura se han exhumado un total de 45 fosas comunes entre 2003 y 2019 (Muñoz-Encinar 2019b). De estos, he dirigido la exhumación de 35 tumbas y analizado la evidencia arqueológica y antropológica.1 En estas fosas comunes se ha exhumado un mínimo de 299 personas, de las cuales 25 son mujeres. Esta cifra representa el 3,2% del total de víctimas, según datos publicados por historiadores (Martín 2015). Todas las fosas comunes exhumadas hasta la fecha en Extremadura contenían los cuerpos de víctimas de violencia extrajudicial. Clasifiqué y analicé fosas comunes en relación al contexto en el que se generaron originalmente las pruebas. Para el análisis, definí cuatro categorías de clasificación considerando el contexto de violencia: (a) ocupación militar de ciudades y territorios por parte de las tropas rebeldes; (b) ejecuciones en la retaguardia realizadas en áreas que apoyaron el golpe y en áreas que fueron ocupadas a raíz de las tropas rebeldes; (c) represión de posguerra asociada a campos de concentración y prisiones; y (d) guerra contraguerrillera de posguerra (Muñoz-Encinar 2019b, 2016). Dos de los casos descritos en este artículo pertenecen a la categoría (a) y los otros dos a la categoría (b). Para mi estudio, excavé y analicé el contenido de cuatro entierros masivos, en los que encontré los restos de 20 mujeres. Para las categorías (c) y (d) no tengo datos relacionados con la violencia contra la mujer proveniente de la exhumación de fosas comunes. En el contexto (c), proporcionaré información basada en fuentes orales y documentales.

La investigación sobre fosas comunes se ha llevado a cabo siguiendo las pautas metodológicas y procedimentales de los protocolos de búsqueda e identificación de personas desaparecidas en España, que reconocen la importancia de trabajar con diferentes disciplinas.2 Recurrí a los métodos de la antropología forense para obtener el perfil biológico de los individuos ubicados en fosas comunes: se estimaron la edad, el sexo y el tamaño de todos los individuos exhumados. Además de delinear un perfil biológico, realicé un análisis de la violencia perimortem y estudié el tratamiento post mortem de los cuerpos.3 En cuanto a las fuentes orales, he considerado testimonios publicados por otros autores, recopilados y proporcionados por otros investigadores y recopilados directamente por mí durante el trabajo de campo. Para las entrevistas, he utilizado las pautas específicas que proporciona el ‘Protocolo de Minnesota’ (Naciones Unidas 2016) y el protocolo español elaborado por Francisco Ferrándiz (2010). Se han tenido en cuenta la distorsión de los hechos, las ausencias y los silencios, que en ocasiones forman parte del proceso de recuerdo y recuerdo mnemotécnico (Assmann 2011; Ricoeur 2004).
La arqueología me permitió obtener información contextual sobre las fosas comunes y definir el perfil cultural de cada individuo y la relación de la fosa común con otros espacios represivos, desde una perspectiva cronológica y conductual. Las excavaciones se realizaron siguiendo el método estratigráfico de Harris (1991). Se documentaron todas las características arqueológicas y la distribución espacial de artefactos y restos humanos. En el análisis de las fosas comunes, consideré la ubicación del depósito, la secuencia estratigráfica, la orientación y disposición de los cadáveres en la fosa y la posición de sus miembros. Estos datos me permitieron explorar aspectos como la planificación, la sistematización y la recurrencia en el uso de fosas comunes y paisajes por parte de los perpetradores. Los cadáveres hallados en el interior de fosas comunes tenían objetos asociados que las víctimas llevaban consigo antes de morir, así como elementos vinculados a los hechos de violencia que sufrieron, como municiones y otros objetos asociados a los perpetradores. Los artefactos que aparecen junto a los cuerpos están vinculados a la identidad individual, como lo demuestran las formas de vestir, los hábitos personales y la ideología. Al mismo tiempo, los objetos simbolizan identidades colectivas representadas por estatus social, ocupación y género. Hay elementos exclusivos del género femenino, entre los que se encuentran elementos asociados a la vestimenta (zapatos de tacón, ligueros de corbata, etc.), adorno corporal (horquillas, pendientes), condición social y creencias (anillos, medallas). Otros, como un kit de costura, dedales o alfileres, reflejan tareas típicas femeninas. Su presencia y ausencia me permiten no solo describir aspectos sobre sus dueños sino también brindar identificaciones plausibles.

EXHUMAR VIOLENCIA, REVELAR ROSTROS

Poco después del golpe de Estado del 17 de julio de 1936, los rebeldes iniciaron la conquista del territorio controlado por el gobierno en el suroeste de España. La columna rebelde avanzó desde Sevilla hacia Madrid por Extremadura. En esta campaña fue muy importante el papel que jugó el Ejército colonial de África, que llevaba años combatiendo en Marruecos. La guerra colonial que libraron las unidades de ocupación se basó en acciones directas, rápidas y sencillas, y en la obediencia ciega, el desprecio por la vida y la más absoluta crueldad (Espinosa 2002). Según el historiador Paul Preston (2011), el uso del terror no fue espontáneo, como se describía explícitamente en las órdenes militares bajo el eufemismo de “castigo”. Soldados y legionarios regulares mutilaron a sus víctimas (les cortaron las orejas, la nariz, los órganos sexuales) y también las decapitaron. Estas prácticas, en combinación con el asesinato de prisioneras y la violación sistemática de mujeres, fueron permitidas por oficiales del ejército rebelde (Preston 2011). La visibilidad de las ejecuciones, la exposición de cadáveres y el trato degradante de las víctimas, incluso después de la muerte, tuvieron un impacto psicológico muy fuerte en la población civil y un gran efecto en el establecimiento de un nuevo orden por la fuerza (Casanova 2002).

“Nuestros valientes legionarios y habituales les han enseñado a los rojos lo que es ser un hombre. Por cierto, también les han enseñado a sus esposas que finalmente han conocido hombres de verdad, y no milicianos castrados. Patear y aullar no los salvará… ”4

Cuando el ejército rebelde llegó a la provincia de Badajoz se dividió en dos columnas. La primera columna fue enviada hacia la localidad de Mérida y la segunda partió hacia la localidad sudoriental de Llerena. El ejército rebelde encontró una fuerte oposición en Llerena y su ocupación el 5 de agosto de 1936 fue especialmente violenta (Espinosa 2003). Posteriormente, el 31 de agosto, unidad republicana intentó recuperar la ciudad. Aunque no lograron retomar todo Llerena, lograron ocupar temporalmente varios barrios, desestabilizando así las líneas del frente (Espinosa 2003). En los días siguientes, los rebeldes arrestaron a un gran número de personas en la ciudad. Generalmente, se eligieron los muros del cementerio como lugar de ejecución. En este caso, sin embargo, debido a la inestabilidad de la línea del frente y su proximidad al cementerio, las ejecuciones se llevaron a cabo junto a un arroyo cercano conocido como el Romanzal (Muñoz y Chaves 2014). Según datos históricos, el número de víctimas entre el 5 de agosto y el 31 de diciembre de 1936 fue de 174 (Martín 2015). 25 hombres y diez mujeres fueron ejecutados los días 2 y 8 de septiembre en esta zona (Muñoz y Chaves 2014).
El 2 de septiembre de 1936, un grupo de civiles, incluidas varias mujeres, fue llevado al arroyo Romanzal al amanecer. Después de su ejecución, los cuerpos de las víctimas fueron amontonados y quemados con gasolina, dejándolos expuestos y descubiertos en una tumba sin nombre. En Mass Grave 1 exhumamos un mínimo de diecinueve individuos de diferentes edades, incluidos siete hombres y cuatro mujeres; en ocho cuerpos no se pudo determinar el sexo. La distribución y orientación de los cuerpos y las extremidades muestra la disposición aleatoria de los cadáveres. Según los testimonios disponibles, un sacerdote acudió al lugar con las nuevas autoridades con el fin de dar extremaunción a los detenidos. Para ello, colocó un crucifijo frente a cada una de las víctimas para ser besadas. Cuando el sacerdote le pidió a Josefa Fernández Catena, conocida como ‘La Galla’, que besara el crucifijo, ella se negó a hacerlo. En respuesta, el sacerdote le golpeó la boca con la cruz y le rompió los dientes. En el grupo de civiles ejecutados en el arroyo Romanzal al menos dos mujeres estaban embarazadas:

A “La Galla” le rompieron los dientes (…) estaba embarazada (…) dijo cuando la iban a ejecutar: “no matarás a una, matarás a dos” 5
“No sabemos si el niño nació muerto o no. Dijeron que el niño nació muerto, pero nunca lo supimos ”6

A los pocos días y con un mejor conocimiento de la zona, el 8 de septiembre fue enterrado un segundo grupo de víctimas en la misma zona. Los cuerpos se colocaron en el interior del depósito con la misma orientación, de manera estandarizada y cubiertos con tierra. En este depósito, al que denominamos Mass Grave 2, documentamos dieciséis individuos de diferentes edades: diez hombres, cinco mujeres y un individuo cuyo sexo no pudo establecerse. Las mujeres fueron enterradas en la parte sur del depósito y fueron las últimas en ser depositadas en la tumba. Esta diferenciación del grupo de detenidos puede estar relacionada con el trato degradante perimortem al que fueron sometidas las mujeres víctimas y con la violencia sexual comúnmente ejercida durante los procesos represivos (Richards 1999; Preston 2011). Entre los objetos encontrados junto a cuerpos femeninos se documentaron numerosas horquillas, un peine, tres kits de costura, un dedal y un alfiler con una figura religiosa (Figura 1).
 Figura 1. Objetos encontrados junto a los cuerpos de mujeres víctimas enterrados en las fosas comunes del arroyo Romanzal: 1: Horquillas; 2: kit de costura; 3: peine. Escalas 2 cm.

Como sucedió en Llerena, las principales ciudades de la zona central y occidental de la provincia fueron ocupadas violentamente durante el verano de 1936. Durante la ocupación, se realizaron inmediatamente detenciones masivas. Dentro de estos grupos de detenidos, los partidarios de izquierda fueron eliminados directamente. Otros detenidos esperaban los aval para garantizar su liberación. Generalmente, aquellos que tenían los roles más importantes dentro del gobierno republicano habían huido antes de la ocupación. Sin embargo, como consecuencia, sus familiares fueron capturados a menudo: incluidas muchas mujeres, hijas, esposas o hermanas de los fugitivos. Además, sus casas fueron saqueadas por los rebeldes (Vega 2011). En ocasiones, la campaña represiva se inició con una ejecución pública y ejemplar en la plaza principal del pueblo, y luego de la primera misa de campo (Espinosa 2002). Esto ocurrió, por ejemplo, en el pueblo de Fregenal de la Sierra, durante la segunda quincena de septiembre de 1936.

Fregenal de la Sierra se encuentra en la zona suroeste de la provincia de Badajoz. Durante la mañana del 18 de septiembre de 1936, Fregenal fue ocupado por dos columnas militares formadas por 3.000 hombres (Espinosa 2003). Según mi investigación, 82 personas fueron ejecutadas entre septiembre de 1936 y diciembre de 1939. Al menos nueve de las víctimas eran mujeres y tres de ellas estaban embarazadas. En la mayoría de estos casos, no existe información documental sobre las mujeres ejecutadas y sus muertes nunca fueron registradas. En algunos casos, el conocimiento de los apellidos se ha desvanecido en la memoria colectiva y solo se recuerdan los nombres o apodos de las víctimas. Muchas mujeres fueron hostigadas física y psicológicamente, castigadas para realizar tareas para las fuerzas militares, afeitadas y expuestas públicamente después de haber ingerido aceite de ricino. Los testimonios orales relatan el abuso sexual y las violaciones sufridas por muchas mujeres:

“Mi hermana menor, la niña, nos violaron a ella ya mí y a mi otra hermana… nos… nos afeitaron (…) me dieron aceite de ricino (…) sufrí mucho (…) porque mi hermano era socialista (…) castigó a toda la familia (…) fue el peor castigo ”7

La mayoría de las ejecuciones se llevaron a cabo en el cementerio de la ciudad, donde el sepulturero se encargaba de enterrar los cadáveres. En este cementerio, exhumamos siete fosas comunes y documentamos los cuerpos de 43 víctimas, siete de ellas mujeres. Una de las mujeres exhumadas se encontraba en estado avanzado de embarazo al momento de la ejecución. Durante la excavación, en su pelvis, documentamos los restos esqueléticos de un feto de entre 7 y 9 meses. Todos los cuerpos habían sido enterrados siguiendo el mismo procedimiento, colocados en decúbito supino, con orientaciones alternas, con las extremidades inferiores y superiores en paralelo. Según relatos orales, hubo al menos un grupo ejecutado formado solo por mujeres. Sin embargo, en las campañas de exhumación que dirigí, todas las fosas comunes excavadas contenían los cuerpos de hombres y mujeres.

“Llevaron allí a cinco o seis mujeres jóvenes y las maltrataron, después que vimos la sangre y todo, las trasladaron al cementerio y las enterraron pero antes las maltrataron. Todo el mundo lo sabía ”8

Una de las mujeres era Antonia Regalado Carballar conocida como “la Chata Carrera”. Tenía 22 años cuando fue ejecutada. El trato denigrante que sufrió Antonia antes y después de la muerte ha pasado a formar parte del recuerdo traumático de la aldea, y ha sido contado por múltiples testimonios, debido a los crudos detalles aportados por el sepulturero:

“Colocó a un hombre debajo de ella, luego puso [el cuerpo de] mi tía encima y [el cuerpo de] otro hombre penetrándola arriba, uno abajo y otro arriba (…)“ ella se va a quedar satisfecha ”(…) le dijo disfrutando de la risa (…) la hicieron correr por el cementerio y abusaron de ella. Luego la mataron, y el sepulturero enterró su cuerpo en esta posición y dijo: la hemos enterrado como una puta ”9

En Mass Grave 2 en Fregenal de la Sierra, documentamos los cuerpos de dos hombres y una mujer enterrados superpuestos en posición supina. La mujer se ubicó entre los cadáveres de los hombres con la cabeza orientada hacia el oeste, los hombres orientados hacia el este. Tenía unos botones relacionados con su ropa y solo una liga de corbata. Esta mujer tenía entre 35 y 40 años al momento de su fallecimiento y, al no corresponder sus datos con Antonia Regalado, este individuo permanece sin identificar.

El caso de La Chata Carrera o las desconocidas antes descritas muestra que la humillación de las víctimas a veces no terminaba con la muerte. La deshumanización del enemigo continuó en la tumba (González-Ruibal 2020; Muñoz-Encinar 2019a). Las mujeres exhumadas de los entierros de Fregenal de la Sierra lucieron elementos característicos de la indumentaria: zapatos de tacón, ligas, botones y gemelos de nácar, entre otros. Uno de ellos incluso conservó parte de un vestido. También encontramos varios aretes entre ellos un arete de oro hecho de dos círculos de diferentes tamaños con piedras incrustadas formando una forma floral y un par con piedras verdes talladas (Figura 2 y Figura 3).
 Figura 2. Objetos encontrados junto a los cuerpos de mujeres víctimas de las fosas comunes del cementerio de Fregenal de la Sierra: (a) Manga de un vestido; (b) Gemelos con figura de pájaro; (c) Ligas de corbata; (d) Liga de corbata; (e) Ligas de corbata.

Según datos históricos y arqueológicos, las ejecuciones llevadas a cabo en Fregenal de la Sierra fueron principalmente hombres. La mayoría había sido muy activa dentro de los partidos políticos y sindicatos de la región. Sin embargo, hoy sabemos que también hubo mujeres ejecutadas que tenían una clara implicación política durante la Segunda República y habían luchado por la emancipación de la mujer en todos los ámbitos de su vida: el hogar, la familia, el trabajo, la política y la sociedad. Algunas de estas mujeres, como “La Chata Carrera”, eran vistas como mujeres de bandera. Según testimonios orales, ‘La Chata Carrera’ solía montar a caballo proclamando el advenimiento de la revolución social y la liberación de la mujer de la opresión. Otras jóvenes se organizaron para exigir la mejora de sus condiciones laborales y su situación personal.
 Figura 3. Objetos encontrados junto a los cuerpos de mujeres víctimas de las fosas comunes del cementerio de Fregenal de la Sierra (a) Pendiente de oro; (b) Pendientes; (c) Horquillas (d) Pendientes (e) Zapatos de tacón alto (f) Zapatos de tacón alto.

Algunos de ellos fueron socios fieles de importantes personalidades políticas locales. Todas estas mujeres habían visto con sus propios ojos los cambios que la Segunda República había traído a las mujeres. Sin embargo, todos vieron frustrada su lucha y sus expectativas personales, así como los frutos de su esfuerzo, enterrados junto a la Segunda República en las fosas comunes del cementerio de Fregenal de la Sierra.

Mientras los rebeldes ocupaban el centro y el oeste de Extremadura, el norte de la región expresó su apoyo al levantamiento militar durante los primeros días del golpe. Tras la disolución de los ayuntamientos, grupos paramilitares como Falange (el principal partido fascista de España) y la Guardia Civil controlaron estas localidades (Chaves 1995). Las prácticas represivas desarrolladas en estas áreas se conocen como paseos o sacas. Estas prácticas, que también existían en el resto de España, implicaron la detención y ejecución de una selección particular de personas o grupos de civiles que habían participado en actividades políticas de izquierda o habían mostrado simpatía por la República. En el paseo (literalmente, “paseo”), las víctimas fueron sacadas de sus hogares para declarar ante las autoridades. Después de su arresto, las víctimas a veces permanecían temporalmente en cárceles improvisadas donde eran interrogadas, registradas, torturadas, humilladas y finalmente ejecutadas. A veces, sin embargo, las víctimas simplemente fueron sacadas de la ciudad o pueblo y ejecutadas (Preston 2011). El movimiento de víctimas de una localidad a otra para asesinarlas, que buscaba hacer desaparecer a la gente y sembrar el terror en la población, también fue parte de la estrategia represiva desatada por los rebeldes y luego en las dictaduras latinoamericanas (Funari y Zarankin 2006; Preston 2011). De esta forma, las familias ignoraron los detalles de la desaparición de sus seres queridos, incluida la ejecución y el paradero final de sus cadáveres. El término sacas (literalmente “extracción” o “retirada”) se refiere al arresto de personas, que fueron encarceladas y luego sacadas de la cárcel en grupos para ser asesinadas. En esta práctica represiva se incluyó a las mujeres por su implicación política, por haber transgredido el modelo patriarcal femenino tradicional o por sus lazos familiares.
Villasbuenas de Gata es un pequeño pueblo situado al norte de la provincia de Cáceres. Esta zona, como otras en Cáceres, manifestó su apoyo a los rebeldes en los primeros días del levantamiento militar. En Villasbuenas, cuatro hombres de la aldea fueron ejecutados junto con otras víctimas que venían de localidades vecinas (Chaves 1995). Las víctimas fueron asesinadas en varios lugares al costado de las carreteras que conducían al pueblo. En una de estas áreas, llamada ‘La Charca de la Gitana’, documenté dos tumbas individuales donde fueron enterrados un hombre y una mujer. La mujer era Isabel conocida como “La Cubana” y el hombre era Justo Roma Salvador, ambos originarios del cercano pueblo de Gata. Isabel había estado en Cuba, de ahí su apodo. Cuando regresó a España, tenía una muy buena posición económica y abrió una tienda en el pueblo de Gata. También se desempeñó como prestamista en el área. Según lo que sabemos de Isabel, era una mujer con ideales de izquierda, casada con Marcelo Domínguez Solís. Hasta el día de hoy, nadie recuerda el apellido de Isabel. Su marido fue posteriormente ejecutado y enterrado en el cementerio de la aldea de El Payo (Salamanca). Durante la excavación, solo encontré algunas prendas metálicas, un alfiler y unas horquillas que se utilizan para recoger el pelo en un moño asociado al cuerpo de Isabel. Algunos testimonios indican que fue obligada a tener relaciones sexuales con la otra víctima antes de ser ejecutada 10 como parte del trato degradante a las víctimas antes de morir. Fue asesinada de un tiro en el cráneo.

La práctica represiva de paseos o sacas implementada por los rebeldes en las zonas que apoyaron el golpe de estado y en las zonas de la retaguardia alcanzó su punto álgido mejoría en los llamados lugares del terror. El procedimiento represivo pasará de ser aplicado individualmente a constituir un modelo de ejecución masiva de personas. Estos lugares solían estar ubicados en las afueras de las aldeas y se utilizaron sistemáticamente para realizar ejecuciones durante la guerra civil (Muñoz y Chaves 2014; González-Ruibal 2014). Las fosas exhumadas en el lugar conocido como ‘Los Arenales’, entre las localidades de Miajadas y Escurial (Cáceres), corresponden a esta estrategia represiva. Según datos publicados, más de cien personas murieron en la zona (Chaves 1995), de las cuales al menos 24, incluidas seis mujeres, en “Los Arenales”. Durante el verano de 1936 se trasladaron a este lugar camiones con civiles detenidos en los poblados aledaños. Posteriormente fueron asesinados y enterrados en fosas comunes en el mismo lugar (Muñoz-Encinar y Rodríguez-Hidalgo 2010). Aurelia Juárez Gómez y su hija María Fácila Juárez se encontraban entre las víctimas. María estaba casada con Macario Muñoz Gallego, 11 un jornalero y conocido izquierdista de la zona. Tras el golpe, Macario huyó a la zona republicana por temor a posibles represalias. Cuando escapó, ambas mujeres fueron arrestadas y encarceladas en Miajadas. Desde allí, fueron llevados a ‘Los Arenales’ en un camión y ejecutados (Olmedo 2010b).

En Los Arenales, localizamos y exhumamos dos fosas comunes. Contenían siete y nueve cuerpos respectivamente. Se recuperaron un mínimo de siete individuos en Mass Grave I. Durante la excavación, documentamos un total de nueve individuos – seis machos y tres hembras, todos adultos – en Mass Grave II (Muñoz-Encinar y Rodríguez-Hidalgo 2010) . En esta fosa común, observamos una disposición diferencial de los cuerpos en relación a su género. Los machos se depositaron en los lados central y este de la tumba y se dispusieron longitudinalmente con la cabeza hacia el este. En cambio, las hembras se colocaron en el lado oeste de la tumba y se dispusieron longitudinal y oblicuamente al eje del depósito, con la cabeza hacia el oeste (Muñoz-Encinar y Rodríguez-Hidalgo 2010) (Figura 4). Al analizar la secuencia de los cadáveres, se pudo observar que estas tres mujeres fueron las últimas en ser depositadas en la tumba. Las diferencias en el patrón general de disposición y ordenamiento de los cadáveres en relación con su género pueden interpretarse como una forma de diferenciar el grupo de detenidos por el pelotón de fusilamiento. Esta diferenciación puede estar asociada a prácticas perimortem relacionadas con la humillación de las víctimas. Dos de las mujeres tenían fracturas en las extremidades superiores como resultado de un traumatismo contuso. A partir de restos balísticos, podemos inferir que la ejecución de las víctimas se llevó a cabo in situ mediante un disparo directo con Mausers, el fusil estándar del Ejército español de la época. Inmediatamente después, se les dio el golpe de gracia con una pistola. La mayoría de las víctimas no tenían muchos objetos asociados, quizás por su bajo poder adquisitivo o quizás porque les fueron arrebatados durante el encarcelamiento. El cuerpo de una mujer tenía asociados dos aretes de oro y un anillo de plata con las iniciales AM.
 Figura 4. Plano de la Tumba Misa II de ‘Los Arenales’. El color gris se corresponde con los cuerpos de las mujeres.

Desde los últimos meses de 1936 y hasta el verano de 1938, la actividad militar en el Frente Extremadura se mantuvo baja (Chaves 1997). En julio de 1938, sin embargo, se llevó a cabo una ofensiva rebelde que provocó la pérdida de la mayor parte del territorio que aún mantenían los republicanos en Extremadura. Castuera es una localidad situada en la zona oriental de la provincia de Badajoz. Tras el levantamiento militar, se mantuvo fiel a la República y se convirtió en la capital republicana de Extremadura hasta su caída el 23 de julio de 1938. Tras la ocupación militar se inauguró en Castuera una fase de terror y violencia similar a la vivida por otras localidades durante el verano de 1936. Las primeras acciones violentas están marcadas en la memoria colectiva de la población por la violación y asesinato de cinco mujeres. No existe información documental sobre ellos y sus nombres se han olvidado. Inmediatamente se inició la detención sistemática de todos los que habían apoyado a la República. Los presos fueron confinados en varias cárceles por motivos de género y las ejecuciones comenzaron en el cementerio local y áreas aledañas (López 2009). Sabemos que se cavaron fosas comunes en el cementerio para esconder los cadáveres, pero a pesar de nuestros esfuerzos, hasta ahora no hemos podido recuperarlos (Muñoz-Encinar, Ayán y López-Rodríguez 2013).

Una de las primeras ejecuciones llevadas a cabo en Castuera fue la de Carolina Haba García, que estaba casada con José Sayabera Miranda. José era miembro del Partido Comunista y se enlistó en el Ejército Republicano con tres de sus hijos. En 1938 fue consejero de la Diputación Provincial de la República y también fue autor de varios artículos publicados en la revista Extremadura Roja. La familia Sayabera-Haba tuvo nueve hijos y ante la inminente ocupación de Castuera la mayoría de la familia huyó en una evacuación masiva de la población civil hacia la zona republicana. Carolina no tuvo tiempo de huir y se quedó en Castuera con una de sus hijas. Después de que las tropas ingresaron al pueblo, Carolina fue arrestada. Desde la prisión, fue trasladada al cementerio y ejecutada con un grupo de civiles a fines de julio (López 2009). Después del final de la guerra, su esposo y otros cuatro miembros de su familia también murieron.

Tras el final de la guerra, se inició otra fase represiva en Castuera. Esta nueva etapa se caracterizó por la detención de miles de militares republicanos y el inminente regreso de cientos de personas que habían huido a otras zonas durante el conflicto armado (Muñoz-Encinar, Ayán y López-Rodríguez 2013). Numerosos civiles fueron arrestados cuando llegaron a la ciudad, en la estación de tren. Este fue el caso de Matilde Morillo Sánchez, quien estuvo casada con Antonio Navas Lora, miembro del Partido Socialista y un importante activista político. Matilde fue docente y participó activamente en las comisiones pedagógicas que formaron parte de la reforma educativa realizada durante la Segunda República (Figura 5). Creía en la necesidad de emancipar a la mujer a través de la cultura y consideraba la educación uno de los principales pilares para la transformación de la sociedad:

“Regresamos en un tren de vagones de ganado (…) cuando llegamos a la estación de tren de Castuera había muchos falangistas (…) ella fue identificada (…)
Se dice que fue violada (…) También se dice que la llevaron al cementerio y la orgía continuó en la sala de autopsias (…) los asesinos regresaron al pueblo en un camión al amanecer. Llevaban el abrigo de toalla de mi madre al final de un rifle como si fuera una bandera, como trofeo ”12

Figura 5. Fotografías de Matilde Morillo Sánchez en manos de su hija Aurora Navas Morillo. Fotografía realizada durante la entrevista realizada en Castuera en 2011.

En el caso de Matilde, existe una clara intención de ocultar su destino violento en la documentación oficial. Este es también el caso de muchas otras víctimas de la “Justicia de Franco”. En los archivos de Matilde no hay información sobre el momento en que ingresó al penal de Castuera ni cuando salió. En 1946, un juez militar ordenó su liberación, argumentando que no encontró motivos para procesarla. Sin embargo, Matilde ya había sido ejecutada sin juicio siete años antes. El ocultamiento de información también es evidente en el documento utilizado para registrar su muerte. El documento muestra que se registró tres años después de su ejecución, con una fecha falsa y una causa de muerte falsa: esto fue registrado como resultado de acciones de guerra, fuera de las murallas de esta localidad. 13

Aquellas zonas de la provincia de Badajoz que permanecieron bajo control republicano hasta el final de la guerra comenzaron a ser ocupadas a finales de marzo de 1939. Es en ese momento cuando la población de Puebla de Alcocer es ocupada por las tropas franquistas y cuando la detención de los vecinos más activos políticamente. Los presos fueron separados según su género en diferentes cárceles, así como en un campo de concentración, ubicado en las afueras de la ciudad. Según los resultados de las exhumaciones, 42 hombres fueron ejecutados y enterrados en cinco fosas comunes durante el mes de mayo de 1939. La única mujer muerta en el pueblo fue María Quiteria. No hay información documental que informe sobre el calvario por el que pasó, ni siquiera un registro de su muerte. En Puebla de Alcocer, otras trece mujeres fueron detenidas y procesadas en consejo de guerra, condenadas a distintas penas y enviadas a distintos centros penitenciarios del país (Chaves Rodríguez 2015). Además, un gran número de mujeres fueron afeitadas y desfilaron por las calles de la localidad tras ser obligadas a beber aceite de ricino.14 María era costurera y bordadora profesional. Había sido novia de Eugenio Muga Ruíz, alcalde republicano de la aldea y presidente del Comité local de Defensa de la República. Tuvieron una hija que murió cuando tenía dos años. Tras la ocupación del pueblo, María fue acusada de bordar la bandera republicana, arrestada y encarcelada. Según testimonios orales, durante el tiempo que estuvo encarcelada sufrió torturas físicas y psicológicas y varios paramilitares locales intentaron violarla.15 Integrantes de los grupos paramilitares locales se enteraron de su posible liberación y decidieron llevarla al cementerio local para matarla. Cuando llegaron al cementerio, las fuerzas militares se negaron a disparar contra María Quiteria. Fue un escuadrón paramilitar el que finalmente llevó a cabo la ejecución. Hay un recuerdo persistente, ahora convertido en leyenda, de este evento traumático en la comunidad. Dos años después del asesinato de María Quiteria, su compañero, Eugenio Muga Ruíz, fue sometido a consejo de guerra y acusado de adhesión a la rebelión (es decir, lealtad a la República). Fue condenado a muerte y ejecutado el 9 de mayo de 1941.

CONCLUSIONES: LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Las mujeres han sido víctimas de todo tipo de violencia sexual en la guerra al menos desde la Antigüedad (Nash y Tavera 2003; Lorentzen y Turpin 1998). La violencia de género se ha estudiado en múltiples escenarios de los siglos XX y XXI, como Japón y Alemania después de la Segunda Guerra Mundial (Soh 2010; Gebhardt 2017), la ex Yugoslavia (Niarchos 1995; Snyder et al. 2006), Ruanda (Jones 2002), El Salvador, Honduras, Nicaragua, Perú (Anaya 2007) y Guatemala (Sanford 2000) entre otros.

En el caso español, la represión contra la población civil tras el golpe de julio de 1936 no se limitó a los hombres: numerosas mujeres fueron víctimas de violencia física y psicológica (Nash 2015; Sánchez 2009; Joly 2008; González 2017). Documentos, discursos militares, transmisiones de radio, testimonios y la presencia de mujeres en fosas comunes son testigos de la violencia de género extremadamente brutal en la que las fuerzas rebeldes militares y paramilitares participaron durante y después de la guerra (Espinosa 2002; Sánchez 2009; Vinyes 2002; Solé 2016). Los datos orales y documentales relacionados con la violencia de género son consistentes con los resultados de la investigación sobre las fosas comunes, lo que brinda nuevas oportunidades para examinar las formas específicas de represión sufridas por las mujeres durante la Guerra Civil española. Este enfoque multidisciplinario, que combina historia oral, historia documental, arqueología y antropología forense, puede ser relevante en el estudio de conflictos similares.

En relación a la arqueología, elementos materiales asociados a los cuerpos han brindado información relevante sobre la identidad individual y cultural de las víctimas (Muñoz-Encinar 2019a). Las pertenencias personales registradas en fosas comunes incluyen artículos relacionados con actividades e identidades profesionales relacionadas con la mujer. Algunos objetos representan el lado más íntimo de sus dueños y al mismo tiempo sus creencias más profundas, como en el caso de los elementos religiosos. Y cuando consideramos todos los objetos presentes en una fosa común en conjunto, podemos evaluar el nivel de homogeneidad o diferencia dentro del grupo de víctimas y proponer posibles interpretaciones en relación a su contexto social y político. A partir de datos arqueológicos también es posible hacer inferencias sobre la forma en que se desarrolló la represión. Así, en varias fosas comunes, documentamos costosos aretes que revelan, por un lado, el nivel socioeconómico de sus dueños y, por otro, el hecho de que no se registró a fondo a los detenidos ni se saquearon sus cadáveres. En el caso de Fregenal de la Sierra, aparecieron los cadáveres de varias mujeres halladas en las fosas comunes con zapatos de tacón, medias ligueras, botones de nácar, gemelos y un vestido de manga larga. Estos elementos identifican los restos humanos como pertenecientes realmente a mujeres, pero también nos informan que los asesinatos no ocurrieron durante el verano. Además, la presencia de ciertos objetos arroja luz sobre lo sucedido en el pasado, pero su ausencia también puede revelar información importante (Muñoz y Chaves 2014). Por ejemplo, a algunas mujeres de las fosas comunes de Fregenal les faltaban algunos elementos de la ropa y las joyas: una mujer apareció con una única liga; otro parecía haber perdido un pendiente de oro. La ausencia de estas pertenencias personales está muy probablemente relacionada con el proceso represivo: probablemente se perdieron durante el maltrato al que fueron sometidas las mujeres antes de ser asesinadas, en el que el abuso sexual fue recurrente (Richards 1999; Preston 2011). Como se mencionó anteriormente, la ejecución de mujeres republicanas tuvo un importante significado simbólico como parte de la campaña represiva de los rebeldes. En este sentido, algunos efectos personales, como en el caso del abrigo de Matilde Morillo en Castuera, podrían haber sido retirados de las víctimas y utilizados como trofeo por los perpetradores.
La distribución y orientación de los cuerpos en el interior de las fosas han evidenciado diferencias de género, que pueden estar relacionadas con el trato perimortem degradante que sufren las mujeres víctimas, y en el que la violencia sexual suele jugar un papel destacado (Richards 1999; Preston 2011). Las mujeres suelen aparecer en un área específica de la fosa común y fueron las últimas en ser enterradas. El trato humillante a las víctimas a menudo continuó después de la matanza y fue parte de la deshumanización del enemigo después de la muerte (González-Ruibal 2020; Muñoz-Encinar 2019a). El conocimiento sobre el proceso represivo puede incrementarse sustancialmente mediante el análisis de la violencia perimortem y los patrones de lesión observados en las víctimas.

Es especialmente significativa la presencia de varias embarazadas asesinadas en Llerena y Fregenal de la Sierra. Se han transmitido casos similares a través de testimonios orales en otros lugares (Rodrigo 2008; Espinosa 2003; Ferrándiz 2014). El caso de la gestante exhumada en Fregenal de la Sierra es uno de los poquísimos casos documentados arqueológicamente en España, ya que raras veces se conservan restos fetales (González-Ruibal 2020, 24). La ejecución de mujeres embarazadas es, sin embargo, paradigmática de las contradicciones presentes en la ideología franquista, especialmente si consideramos que fue permitida por el régimen, mientras que su ideología nacionalista-católica se oponía fuertemente al aborto (Nash 2015; Moreno 2013; Sánchez 2009 ). La represión de las mujeres embarazadas no solo ocurrió durante la guerra sino que también se materializó durante la dictadura en las cárceles de Franco (Rodrigo 2008).

Las mujeres antifascistas fueron homogeneizadas y estigmatizadas como rojas. Franco consideró que encarnaban el declive moral y la pérdida de los valores católicos (Nash 2015). Esta violencia específica ejercida sobre el cuerpo de las mujeres tenía un propósito purificador para el régimen de Franco y tenía como objetivo deshumanizar a las mujeres antifascistas (Nash 2013). Para Franco, las mujeres rojas representaban simbólicamente la Segunda República, junto con todos los valores de lo que él y sus seguidores consideraban anti-España. El concepto de mujer roja adquirió el significado de no-mujer (Sánchez 2009), considerada por los ideólogos del Nuevo Régimen, como Vallejo-Nájera, como inferior, convencidos de su perversidad innata y criminalidad natural (Vallejo-Nágera y Martínez 1939). ). Las razones para perseguir a las mujeres eran dos: por un lado, se consideraba que habían transgredido los valores ideales de género de la domesticidad y la sumisión femenina. Por el otro, fueron perseguidos por su compromiso antifascista (Nash 2015; Sánchez Sánchez 2009). El castigo aplicado a las mujeres republicanas no tenía como objetivo aniquilarlas. Más bien, se centró en la ejemplaridad y de ahí su fuerte componente simbólico, materializado en la extrema crueldad que se empleó, en la selección de víctimas y en el tratamiento de los cuerpos, vivos y muertos (Sánchez 2009).

En conclusión, las mujeres fueron humilladas y utilizadas como símbolo con múltiples significados: “Las mujeres eran consideradas como un cuerpo, un territorio donde los hombres proyectaban sus deseos de victoria o dominación. La materialización de esta violenta represión hizo visible simultáneamente, en un mismo gesto, la victoria de los vencedores y la sumisión de los derrotados ”(Sánchez 2009, 219). En las guerras a lo largo de la historia, así como en el caso de la Guerra Civil Española y la dictadura de Franco, se ha utilizado a la mujer como arma y se ha desplegado el maltrato de sus cuerpos como mecanismo para aterrorizar y castigar al enemigo.

Expresiones de gratitud

El autor se ha beneficiado de una beca postdoctoral de la Secretaría General de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Junta de Extremadura financiada por el Programa Operativo del Fondo Social Europeo FSE-2014-2020. Este artículo fue escrito mientras disfrutaba de esta beca postdoctoral en la Escuela de Memoria del Patrimonio y Cultura Material de Amsterdam de la Universidad de Amsterdam. Expreso mi más profundo agradecimiento a Rob van der Laarse y los miembros del proyecto Accesing Campscapes: Inclusive Strategies for Using European Conflicted Heritage (HERA 15.092 iC-ACCESS). Agradezco a Julián Chaves Palacios por su ayuda y apoyo. También agradezco a Alfredo González-Ruibal por su asesoramiento editorial ya Zahira Aragüete Toribio por editar el inglés y por sus valiosos comentarios que han mejorado la versión original del manuscrito.

Notas

1. La mayoría de estas exhumaciones han sido financiadas por las instituciones regionales o el Gobierno de España, para más información ver Muñoz-Encinar (2016, 2019b).
2. En la Orden Presidencial número PRE / 2568/2011, aprobada el 26 de septiembre de 2011, se publicó el Acuerdo del Consejo de Ministros de 23 de septiembre de 2011. Este acuerdo exigía que el Boletín Oficial del Estado publique un protocolo sobre la realización de exhumaciones de fosas comunes que contengan víctimas de la Guerra Civil española y la dictadura. BOE 232 de 27 de septiembre de 2011.
3. Para la metodología de estimación de edad, sexo, estatura y traumas perimortem de los individuos exhumados, los lectores interesados pueden remitirse a Muñoz-Encinar (2016).
4. Transmisión radial de las declaraciones del Teniente General Queipo de Llano, citadas en Barrios (1978, 205).
5. Testimonio de María Castilla publicado en Olmedo (Olmedo 2010a, 150).
6. Testimonio de Encarna Ruíz publicado en Olmedo (Olmedo 2010a, 148–49).
7. Testimonio de Fregenal de la Sierra, anonimizado para proteger a la víctima. Cortesía de Zahira Aragüete Toribio.
8. Testimonio de José Vázquez López, recopilado y transcrito por el autor.
9. Testimonio de Fregenal de la Sierra, anonimizado para proteger a la víctima, recopilado y transcrito por el autor.
10. Testimonio de Luis Mariano Martín, recopilado por el autor.
11. Macario fue arrestado al final de la guerra mientras intentaba cruzar los Pirineos hacia Francia. Estuvo preso nueve años en Orduña y Don Benito.
12. Testimonio de Aurora Navas Morillo hija de Matilde Morillo y Antonio Navas, recopilado y transcripción de la autora.
13. Testimonio de Aurora Navas Morillo (recopilación y transcripción de la autora) y Archivo Podual de Matilde Morillo Sánchez: Archivo del Gobierno Militar de Madrid. Juzgado Militar de la Primera Región Militar.
14. Testimonio de Mariano Millán Donoso, cortesía de Zahira Aragüete-Toribio.
15. Testimonio de José Sánchez-Paniagua Bayón cedido por Zahira Aragüete-Toribio.

Reconocimientos

La autora se ha beneficiado de una beca postdoctoral de la Secretaría General de Ciencia, Tecnología e Innovación del Gobierno de Extremadura financiado por el Programa Operativo del Fondo Social Europeo (FSE-2014-2020). Este artículo fue escrito mientras disfrutaba de esta beca postdoctoral en la Escuela de Amsterdam para la Memoria del Patrimonio y la Cultura Material de la Universidad de Amsterdam. Expreso mi más profunda gratitud a Rob van der Laarse y los miembros del proyecto Accesing Campscapes: Estrategias inclusivas para el uso de Patrimonio en conflicto (HERA 15.092 iC-ACCESS). Doy las gracias a Julián Chaves Palacios por su ayuda y apoyo. Y también gracias a Alfredo González-Ruibal por su consejo editorial y a Zahira Aragáete Toribio para editar y por sus valiosos comentarios que han mejorado la versión original del manuscrito.

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INFORMACIÓN DE LA AUTORA

Laura Muñoz-Encinar es doctora en Historia por la Universidad de Extremadura (2011-2016). Su tesis doctoral fue premiada con un premio extraordinario de doctorado en 2016. También tiene un Máster Erasmus Mundus en Arqueología Cuaternaria y Evolución Humana -especialización en Antropología Física y Paleopatología- por la Universidad Rovira i Virgili (2006). Actualmente es investigadora postdoctoral en la Escuela de Memoria del Patrimonio y Cultura Material de la Universidad de Amsterdam-Amsterdam y miembro del proyecto Accessing Campscapes: Inclusive Strategies for Using European Conflicted Heritage (iC-ACCESS), financiado por Humanities in the European Research Area. (HERA) y Horizonte 2020 (HERA 15.092 iC-ACCESS). Es especialista en arqueología del conflicto contemporáneo y antropología forense, con especial interés en los procesos represivos llevados a cabo en las guerras del siglo XX en España y Europa. Su investigación se centra en un estudio holístico de las fosas comunes a través de un enfoque interdisciplinario que combina historia, arqueología y antropología forense.

Fuente periodística inicial: Artículo resumen publicado en Eldiario.es
FUENTE DEL ORIGINAL COMPLETO EN INGLÉS:
https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00438243.2020.1740775

Que nada nos haga olvidar que algunos de los seguidores o sucesores de estos crímenes y criminales, además de estar en puestos estratégicos del poder económico, judicial, militar y policial desde esa época, también hoy se sientan en los puestos políticos de dirección de algunas comunidades autónomas y en el propio Congreso Español. Y les han elegido para estar ahí unos millones de españoles, seguramente engañados por otras promesas ficticias de patriotismo falso, de antiinmigración, de seguridad a cambio de pan y circo…, porque no soy capaz de comprender que haya gente que sepa estas cosas y no sean capaces de revolverse por dentro contra estos franquistas.
No hay olvido a lo que no ha podido cerrarse jamás. Las heridas, si no se curan, siguen, si además las ocultas, se hacen fuertes, si para colmo te ries de ellas y dices “las tumbas del abuelo”…, son muy peligrosas.

Ongi etorri, bienvenido/a!