Creacionismo, geocentrismo y evolucionismo

Benedicto XVI hizo en setiembre, en su Alemania natal, afirmaciones tan rotundas como que: «Parte de los científicos se empeñan en demostrar que Dios es ‘inútil’ para el hombre. La teoría de la evolución es ‘irracional’. El ateísmo moderno nace del miedo a Dios. El odio y el fanatismo destruyen la imagen de Dios. Una parte de la ciencia se empeña con tenacidad en buscar una explicación del mundo en el que Dios sea algo superfluo, algo inútil para nuestra vida; pero cada vez que parece que lo han logrado, la realidad se muestra evidente. Sin Dios las cuentas no cuadran para el hombre, para el mundo y el universo. Sólo Dios salva al hombre del miedo del mundo y del ansia ante el vacío de la propia existencia».

La Biblia, de inspiración divina según los católicos, trata de explicar los enigmas más peliagudos valiéndose de parábolas, alegorías, fábulas, metáforas o símbolos. Los escribanos bíblicos imaginaron la Tierra creada como centro del Universo, y a Adán y Eva como progenitores de la especie humana. Lo hacían víctimas de su temor a la muerte, a lo desconocido, al infinito, a la nada. Siglos más tarde el hombre descubrió la evolución de las especies, demostrando que el homo sapiens sapiens está emparentado genéticamente con los homínidos de hace tres o cuatro millones de años. Gracias a la astronomía, averiguó que el planeta Tierra gira alrededor del Sol, que junto a otros 100.000 millones de soles, muchos de ellos acompañados de un cortejo de planetas, conforman la galaxia Vía Láctea, que gira en torno a su centro ­quizás un agujero negro­ en una vertiginosa espiralŠ Los modernos telescopios distinguen miles de millones de galaxias, algunas a más de ¡12.000 millones de años luz de la Tierra!, que se alejan unas de otras por la fuerza expansiva del Big Bang inicial, a velocidad acelerada para eludir la atracción gravitatoriaŠ Y a pesar de tanta maravilla, la Iglesia Católica continuó proclamando a la Tierra como centro del Universo hasta ¡1992!, año en que rehabilitó a Galileo Galilei, encarcelado en 1633 por rechazar el geocentrismo. Por lo mismo, el Santo Oficio había quemado en 1600 a Giordano BrunoŠ Es al menos curioso que el creacionismo sea defendido con ardor, entre otros, por el presidente George W. Bush y ahora también por el Gobierno de Polonia.

En cuanto al equilibrio y perfección de las órbitas que los creacionistas atribuyen al Universo, pienso que la ausencia de catástrofes es sólo aparente, fruto del azar y de la inmensidad del Cosmos. Los astrofísicos descubren con frecuencia cataclismos en estrellas y galaxias alejadas de nosotros miles de millones de años luz, sin influencia significativa en nuestro sistema solar. No sabemos si en aquellos remotos espacios, cuando ocurrieron esas catástrofes, existía vida parecida a la de la Tierra, porque de ser así habría resultado irremediablemente aniquilada. Somos supervivientes por azar. A veces se aproximan asteroides cuyo impacto con la Tierra no es descartable. Por ahora vamos teniendo suerte. Sin embargo, hace unos 65 millones de años, uno de gran tamaño colisionó con nuestro planeta, causando la desaparición de los dinosaurios y otros seres. Menos mal que entre ellos, al parecer, no se hallaban hombres ni mujeresŠ ¿O sí? – (Juan Mari Eskubi)

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Pais Vasco - Juan

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