LAS GUERRAS CONTRA LAS MUJERES

Aunque la violencia sexual no sea una de las órdenes explícitas de las tácticas militares, sí que está justificada como arma de guerra. Consecuentemente, nunca se han concebido –y mucho menos perseguido– como crímenes de guerra la violación y la prostitución forzosa.
He leído un artículo muy interesante del que os resumo un pequeño trozo, al final tenéis el enlace de todo el artículo). Merece la pena, de verdad.
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Ya tiene algunos años pero sigue de vigente actualidad, incluido Irak y Afganistan.
Hasta la guerra de Yogoslavia no se hablaba demasiado de esto, ¿os acordais?. En el texto se sugiere que se puede desarrollar una perspectiva feminista si, en lugar de tratar por separado la violación en la guerra y los embarazos forzosos, se analiza el tema de la violencia de los hombres hacia las mujeres en cualquier contexto.
mujeres y guerra1.jpg Algunas premisas:
– La violencia contra las mujeres no se da únicamente en los contextos de guerra
– La violencia sexual se da en los ámbitos público y privado
– Algunos hombres usan la violencia con las mujeres para fortalecer sus relaciones y, en ocasiones, como ritual de iniciación para entrar en grupos masculinos.
– Se abusa sexualmente de mujeres, niñas y niños en una serie de contextos donde se dan relaciones jerárquicas y se usan uniformes.
– Se es consiente la presunción de que los hombres necesitan “desahogos” sexuales, por lo que, si no se está en guerra, se acepta la prostitución y la pornografía.
– Se divide a las mujeres en dos grupos bien diferenciados del tipo esposa / puta, aliada / enemiga, y se considera que el primero, teóricamente, tiene que ser protegido (rara vez ocurre en la práctica), y que el segundo es merecedor de abusos.
– etc..
Trazando las conexiones, apuntes históricos
En lo que ha acabado llamándose “abuso sexual ritual”, uno de los casos más claros, muchas de las formas de tortura y control mental empleadas con las mujeres imitan las que se dan en contextos militares.
La información sobre los embarazos forzosos en la ex Yugoslavia, rara vez se relacionó con lo que ocurrió durante la esclavitud, cuando se violaba continuamente a las mujeres negras y se las obligaba a concebir hijos de los hombres blancos propietarios de esclavos. Este permiso que se otorgaban los propios hombres blancos no terminó con la abolición de la esclavitud. La concepción como resultado de una violación, o el embarazo forzoso, tampoco está restringida a estas particulares circunstancias históricas.
Las investigaciones de Peggy Reeves Sanday revelaron el papel fundamental que tenía la violación en grupo para ciertas asociaciones universitarias masculinas de Estados Unidos, y también que proxenetas y clientes llegan a organizar violaciones colectivas de mujeres prostituidas.
Recientemente en Suecia se han empezado a contar historias de fiestas de gente joven que acaban con una violación en masa. Un caso sobre el que se informó ampliamente en Estados Unidos el año pasado ilustra los vínculos existentes entre el ejército, la violencia sexual organizada y las llamadas épocas de paz. Se lo conoció como el Tailhook [follaculos], y consistió en acoso y ataque sexual, de manera organizada y en público, a las mujeres que asistían a una función social de la marina. Se las obligó a pasar por un pasillo de hombres que se tomaban la libertad de tocarlas y decirles todo lo que se les pasaba por la cabeza.
La violación en grupo es a menudo utilizada como forma de iniciación y vinculación entre los hombres. En algunos grupos, se espera de los nuevos miembros que dejen al resto del grupo “probar” a sus novias; después, ella puede pasar a “pertenecer” al macho individual. Los conflictos que se dan entre estos grupos suelen denominarse “enfrentamientos de bandas” y se tiende a pensar que luchan por un territorio. Sin embargo, rara vez se trata sólo de controlar un espacio público o alguna actividad ilegal: se pretende conseguir también el acceso a y el control de las mujeres de ese territorio.mujeres y guerra 3.jpg

La protitución forzosa

Para relacionar al ejército con la prostitución no es necesario que se esté librando una guerra, como lo demuestra la historia de los últimos treinta años en el sudeste de Asia. El ejemplo más reciente, publicado en International Children’s Rights Monitor [Control internacional de los derechos de las y los niños], describe cómo el despliegue de las tropas de “mantenimiento de la paz” de las Naciones Unidas en Camboya supuso un “sobrecogedor incremento de la prostitución, incluyendo la infantil”. Una funcionaria de la salud estimó que el aumento de mujeres y niñas implicadas en la prostitución en Phnom Penh ha sido de 6.000 en 1991 a 20.000 en 1992. Como ocurrió en Bosnia, algunas de las mujeres y de las niñas involucradas son víctimas de la pobreza, y otras han sido violadas por hombres de su propia comunidad, por lo que ya son “incasables”.
La cultura de la pornografía
La pornografía es un elemento esencial en la cultura militar de Occidente, y lo ha sido a lo largo de muchas décadas. Durante la segunda guerra mundial se consideraba que coleccionar y exhibir pósters de chicas ayudaba a mantener alta la moral; así lo consideraba el ejército y así se representaba en las películas. Aunque ahora es más fácil acceder a la pornografía y aunque su expresión ha adoptado muy distintas formas, esta actitud no ha variado.
En los ejércitos de Occidente no sólo se acepta que cada hombre use la pornografía, sino que es literalmente obligado. Esto implica que, en países donde el servicio militar es obligatorio, casi todos los hombres habrán utilizado la pornografía al menos en una época de sus vidas.
El equipamiento militar está a menudo “decorado” con imaginería pornográfica. Se emplea, además, un lenguaje sexualizado para describir las bombas, las pistolas, los aviones, los barcos. Esto se puede ilustrar con la letra de otra canción militar estadounidense: Aquí está mi rifle, / aquí está mi pistola. / Uno es para matar, /la otra para disfrutar. Aunque la cosificación sexual de las mujeres en las canciones adopta sus formas más extremas en el ejército, se da también en otros contextos, y más obviamente en deportes masculinos como el rugby y el fútbol americano.
La violencia sexual en tiempos de guerra
Las características que hemos podido apreciar serían las siguientes:
– Se pasa de una situación de protección relativa de las mujeres, las niñas y los niños a que se tolere, se perdone e incluso se ordene abiertamente el uso de la violencia contra ellos.
– En las áreas próximas a la zona de conflicto y en las propias zonas de conflicto, incrementa la frecuencia de los asaltos sexuales oportunistas [improvisados porque aprovechan las circunstancias] y también de los que se planifican.
– El consumo de la industria sexual, que se organizaba individualmente, pasa a ser estructurado institucionalmente.
– La violencia sexual se intensifica al darse en público (lo que significa, además, que los miembros de las comunidades se enteran); así, los ataques sexuales pueden terminar en asesinato, o empezar así.
– Los hombres tienden más a agruparse para llevar a cabo sus actuaciones.

Sirva como ejemplo el siguiente caso: gente que trabajaba en refugios canadienses informó de que las mujeres contaban que durante la guerra del Golfo sus maridos se ponían su uniforme del ejército antes de darles una paliza, y que esto solía ocurrir después de ver los noticiarios. Los efectos desestabilizadores de las guerras a menudo conducen al desmoronamiento de las estructuras de ley y orden. Así, al desaparecer algunos de los muy limitados mecanismos de represión del comportamiento de los hombres, las mujeres y las menores quedan más desprotegidas aún
A qué se le llama guerra
Los hombres que están en el poder son quienes definen lo que es, y lo que no es, una guerra. Incluso si seguimos su muy limitada definición, en el siglo XX se han producido 207 guerras y han muerto 78 millones de personas. La mayor parte de estas guerras han estallado a partir de 1945, un periodo considerado en Occidente como “de paz”.
La mayoría de las feministas que han analizado temas de política internacional nos instan a que no abordemos únicamente la guerra y el militarismo, sino también los procesos de militarización. Argumentan que la cultura militarista es la que legitimiza la violencia como modo de resolución de conflictos y como forma de establecimiento y mantenimiento de las jerarquías de poder, tanto en los estados como entre ellos; y, además, que esta cultura representa una versión muy particular de la masculinidad heterosexual. Si tenemos en cuenta estas consideraciones, podemos evitar caer en la simplificación que conlleva el binomio “tiempos de guerra” y “épocas de paz”. Es cierto que la influencia del ejército en la política y la economía se da tanto si hay guerra como si no; y también que el ejército influye en la conceptualización de las relaciones entre los géneros. Además, siguen siendo las mujeres quienes soportan muchos de los costes de las guerras nacionales / civiles: el 70 u 80% de los refugiados del mundo son mujeres y niños.
El militarismo siempre se cobra mujeres
En primer lugar, se centra en las mujeres de la nación o naciones vencedoras, haciéndose una referencia mínima a las consecuencias de la “guerra” y la “paz” para las mujeres de la nación o naciones perdedoras. En segundo lugar, nos preguntamos si esta idea de que las mujeres sacan alguna ganancia por estar en el bando vencedor no sería, de hecho, una ficción ideológica parecida a las que se usan durante las guerras para hacer que las mujeres las apoyen.
Cuando algún conflicto militar entre y dentro de las naciones toca a su fin, las mujeres tienen que renunciar a determinados derechos y/o se ven despojadas de antiguos derechos (al empleo, al aborto, a las guarderías). Se recluta a las mujeres para una “reconstrucción de la nación” donde sus necesidades están subordinadas a las de reparar los daños que han sufrido los hombres y “la sociedad”; esto se ve claramente en algo que rara vez es reconocido: nunca se habla de las violaciones en tiempos de conflicto y los hombres no sienten que deben hablar de lo que hicieron cuando lo que hicieron fue violar.
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Publicado por

Pais Vasco - Juan

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