Sí, soy maricón

Sí, soy maricón Por Julen Zabala ( Militante de EHGAM)

 

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L pasado 3 de enero quienes acudimos a la concentración convocada por Kattalingorri -el centro de atención a gays, lesbianas y transexuales de Pamplona- para denunciar, desgraciadamente una vez más, una brutal agresión homófoba, tuvimos la satisfacción de poder mostrar nuestra solidaridad a David, el joven agredido. Cuando días antes trascendió la noticia, un terrible escalofrío volvió a recorrer nuestro cuerpo. Quienes nos sentimos gays, lesbianas, transexuales, etc., o simplemente diferentes a lo que la heteronorma nos dicta, sufrimos como propia cualquier agresión de este tipo.

Las organizaciones que llevamos tiempo luchando contra la discriminación, como EHGAM desde hace más de treinta años, tenemos claro que ninguna persona debería sufrir por su condición -sexual o de cualquier otro tipo- en ninguna circunstancia. Pero sigue sucediendo y con una frecuencia más que alarmante, aunque en pocas ocasiones trasciende a la opinión pública.

De poco sirve que se hayan conseguido ciertos avances legales y reconocimientos sociales si a la hora de la verdad las estructuras heterofascistas siguen prácticamente intactas en nuestra sociedad.

Un joven como David tiene todo el derecho del mundo a poder presentarse tal y como es allá donde decida, a cualquier hora del día o de la noche, y frente a cualquier persona. Aquí y ahora y ante quien sea, debemos poder alzar nuestra voz para decir sin temor alguno: sí, soy maricón, ¿y qué? osí, soy bollera, ¿pasa algo? osí, soy trans, ¿te importa ?.

Tenemos que reconocer el valor de David, no sólo por dar a conocer su condición a su edad, sino por afrontar la agresión homófoba que ha sufrido con la mayor dignidad: de frente, denunciándola y haciéndolo, además, en los medios y presentándose -todavía maltrecho- en la concentración. Esta denuncia es en sí misma un síntoma de que avanzamos, sin duda, pero debemos reconocérselo en su justa medida.

Sabemos las dificultades para presentar cualquier denuncia y, aún más, en los casos de agresiones heterofascistas, ya sean homófobas, lesbófobas, tránsfobas, [hetero]sexistas, machistas… Y más aún cuando no hay testigos. Se necesita, sin duda, mucha valentía para superar infinitos miedos personales y sociales. Pero no hay otro camino.

Aunque demasiadas veces este camino sea insuficiente, resulta imprescindible para iniciar la identificación de los agresores y abrir el proceso judicial. Incomprensiblemente y a pesar de la alarma social que sigue en ocasiones a este tipo de agresiones -recordemos las terribles imágenes del caso de Sergi Xavier M. que agredió a una joven en un tren en Barcelona- los culpables pueden seguir en la calle como si nada hubiera pasado. Apelamos a las instancias judiciales a que den una respuesta inmediata y una condena ejemplar ante estos sucesos.

La agresión, entre gritos de maricón de mierda , que sufrió David la madrugada del 27 de diciembre coincide, cómo no, con lamentables declaraciones de jerarcas de la iglesia católica. Bernardo Alvarez, desde su púlpito de Tenerife, afirmó unas horas antes que la homosexualidad perjudica a las personas y a la sociedad, tildándola de enfermedad, considerando, sin ningún rubor, que el 94% de los homosexuales lo son por vicio y justificando los abusos a menores, porquesi te descuidas, te provocan .

Unos días más tarde, en la oración por la familia cristiana y con la bendición papal, otros jerarcas tomaron el testigo. Rouco arremetió contra las políticas en materia de familia, como el matrimonio de personas del mismo sexo o la simplificación del divorcio: “una marcha atrás en los derechos humanos”.

García-Gasco criticó lo que considera la cultura del laicismo, un fraude que sólo conduce a la desesperación por el camino del aborto, el divorcio y “las ideologías que pretenden manipular la educación de los jóvenes”, por lo que “nos dirigimos a la disolución de la democracia”. Pero no nos engañamos. Aunque hay quienes consideran que son muestras del fanatismo de una parte de la jerarquía católica y de que caben otras posturas dentro de una misma iglesia, el silencio nos confirma de que quien calla, otorga.

Las palabras del tal Blázquez , a la sazón presidente episcopal y representante al parecer de la moderación, que pronunció en la misma oración del 30 de diciembre, no dejan la menor duda. “Se quiere desacreditar a la familia cristiana contraponiéndola a una supuesta familia moderna” afirmó, censurando todas las leyes que ignoran que no hay más modelo de familia posible que el que “está fundado por el matrimonio como unión estable entre un hombre y una mujer”.

Lo que nos queda bien claro es que la homosexualidad no tiene sitio en esta iglesia y que el cielo católico -y el de prácticamente todas las religiones- es un infierno terrenal para gays, lesbianas y transexuales.

Es hora de poner freno a estos ataques permanentes. Todas las fuerzas progresistas y los movimientos sociales deben implicarse al máximo para erradicar para siempre esta plaga e implantar una sociedad verdaderamente laica. Este fanatismo de la jerarquía católica, el silencio cómplice y el seguidismo de otros sectores ultras promueven, sin duda alguna, actitudes cuyo resultado final no es sino insultos, agresiones e, incluso, crímenes de odio.

Instituciones que no creen ni en los Derechos Humanos ni en la igualdad ni en la diversidad, que siguen discriminando a la mujer y considerando la homosexualidad como enfermedad, deben ser en cualquier circunstancia despreciadas socialmente y arrinconadas institucionalmente: por de pronto, no pueden seguir recibiendo financiación pública ni ostentando papel alguno en el sistema educativo.

La actitud ejemplar del joven David ante la brutal agresión homófoba que sufrió debe hacer reflexionar a toda la sociedad. Su testimonio es una lección inestimable, una lección que a no tardar debe incorporarse en asignaturas como Educación para la Ciudadanía a la hora de tratar temas como la homofobia. Sólo desde el sistema educativo y desde la pedagogía social conseguiremos que hechos como el denunciado no vuelvan a repetirse.

Quienes queremos seguir viviendo con la cabeza muy alta y disfrutando de la libertad que nos permite decir con orgullo sí, soy maricón , o sí, soy bollera o sí, soy trans , deseamos transmitir a David nuestro apoyo, afecto y solidaridad. Quienes, como él, sufren o vayan a sufrir por su condición, sepan que tienen cabida en nuestra familia, que aunque le duela al Goliat heterofascista, es también una gran familia, una familia que tiene por bandera el respeto a la diferencia y a la diversidad.

Pues sí, eres maricón y además, a estas alturas, vales más que cualquier obispo, Julen.

Publicado por

Pais Vasco - Juan

Juan Luis, Juanlas, Juan, Jon Koldo, Ibán...pero todos Yo Mismo.

4 comentarios en “Sí, soy maricón”

  1. Me encanta que de vez en cuando salga un comentario de este tipo en el blog. Hace ver como son de “especiales”, reprimidas y veteasaberquémas algunas personas. Y hasta echamos unas risas, que vienen bien siempre.
    Gracias ZP!!!, imagino que iras con el corcho bien prieto ¿no?

  2. Queriso maricones:
    Yo presidente de España y amigo de maricones y lesbianas os quiero agradecer que vuestros culos y demas agujeros corporales esten al servicio de los progres y gente de izquerdas que cuando llegamos a casa no sabemos donde meterla, si no fuera por vosotros/as el mundo estaria lleno de hiojs que como sabeis son una plaga “hala” a dar por el culo.

Ongi etorri, bienvenido/a!