¡Höre, Israel!», ¡Escucha, Israel!

Después de ver como el gobierno sionista de Israel disculpa los asesinatos de casi 40 niños y niñas en el líbano, asesinados por sus bombardeos indiscriminados,  cobra mucho más valor esta poesía:

“Cuando fuimos perseguidos/ fui uno de los vuestros,/ ¿cómo seguir siéndolo/ cuando os habéis vuelto perseguidores?Vuestro deseo fue/ ser como los pueblos/ que os asesinaban./ ¡Bien, ya lo habéis conseguido!

Habéis sobrevivido/ a quienes os torturaban./ ¿Y no pervive hoy/ su tortura en vosotros?

¡Ven/ pueblo de Israel!/ ¡Sal de tu injusticia!/ ¡Apártate de lo que te convierte/ en el hazmerreír de los pueblos!/ Incluso los que a tu faz se muestran/ amigos buscando su provecho/ tuercen la nariz y se mofan/ cuando giras la cabeza:/ ‘¡Ahí tenéis al pueblo de la Biblia,/ sediento y ávido de venganza/ como ningún otro pueblo/ de este inmenso mundo ensangrentado!’.

¡Ven/ pueblo de Israel!/ ¡Sal de tu injusticia!/ No es demasiado/ tarde para el cambio/ aun cuando te resulte duro y costoso./ No te hace guiños ni el oro/ ni te espera una inmensa fortuna./ Tu único camino/ es el la reparación./ Ya en tiempos/ tus profetas/ tuvieron para ti palabras amargas,/ tampoco ellos te adularon,/ y, sin embargo, tú no lapidaste a todos,/ a veces escuchaste a alguno/ aunque raramente por largo tiempo.

Y bien conoces/ a dónde lleva el camino de tu injusticia,/ que recorres convirtiéndolo en ruta militar,/ el camino de tu arrogancia/ sobre el que crece más veloz/ tu angustia oculta que tu valor sincero/ o el número de tus armas.

Ya conoces el final/ de quien con su palabra y quehacer/ convierte a su entorno en enemigo,/ si no hoy mañana,/ si no mañana pasado mañana,/ y si no cuando tus hijos y nietos.

Y tú sabes/ qué significa sufrir y pasar miseria,/ conoces por tu propia y larga experiencia/ cincelada en ti,/ tan grabada como los surcos y arrugas/ burilados por el tiempo en tu viejo rostro.

Reconoce al fin/ el dolor de aquellos a quienes tú martirizas,/ no debes regar el dolor sembrado/ con nuevo sufrimiento/ ni esperar a que crezca y produzca gran cosecha,/ superior/ a la que puedas recolectar en tu granero.

¡Ven, viejo pueblo/ antes de que sea tarde!/ ¡Sé razonable,/ nunca es tarde para cambiar!/ ¿Acaso aguardas// a que las piedras angulares de tu casa/ comiencen a desmoronarse bajo los impactos/ y fenezcas en sus escombros?».

Este es el lamento del poeta judío alemán Erich Fried, nacido en Viena en 1921, a quien se le concedió en 1973 el premio nacional austriaco de poesía y que, como judío que se sentía corresponsable de la agresión de su pueblo contra los árabes, destinó la mitad de la dotación para dos líderes de la Liga Israelita de Derechos Humanos, y de la otra mitad una parte donó para pagar las costas a un abogado de Hamburgo en defensa de palestinos juzgados en la República Federal de Alemania. Es el grito sonoro de condena de este judío alemán ­a quien los nazis mataron a gran parte de su familia­, gran poeta y hombre, que hoy se hace más denuncia si cabe ante la inhumana masacre de Israel contra el pueblo palestino. «¡Höre, Israel!» ­¡escucha, Israel!­ es, de nuevo, denuncia amarga en la voz de un profeta judío. Un comentario honesto ante la situación pusilánime e imbécil de políticos actuales, deshumanizados y sumisos

Artículo de opinión firmado por Mikel Arizaleta en Gara (28-7-06)

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Pais Vasco - Juan

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