Todos y todas somos cabronazos (y cabronazas)

En 1971, un entonces muy joven psicólogo norteamericano, Philip G. Zimbardo, llevó a cabo en la Universidad de Stanford un experimento escalofriante que hoy se llamaría un ”juego de roles”. Seleccionó al azar a 23 estudiantes y les pidió que durante varios días unos hicieran de carceleros y otros de presos. Lo que sucedió fue tremendo: muy rápidamente los carceleros comenzaron a maltratar a los presos, mostrando una total falta de compasión, hasta un punto en el que hubo que suspender la investigación ante el temor de que algún estudiante resultara severamente lesionado.

La conclusión era obvia: no hay ningún mecanismo psicológico que inhiba la brutalidad sin límites de los seres humanos cuando no hay reglas claras e instituciones que los contengan. El dulce panadero de la esquina, o la risueña farmacéutica, pueden convertirse en máquinas de hacer daño si las circunstancias lo propician.
No hay más verlo..en este mismo país. Eso sí, hay que condenar sino, eres una mierda que no puedes ni votar (eso sí, condenar lo que yo quiero, no vale “condeno toda clase de violencia”…no)

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Pais Vasco - Juan

Juan Luis, Juanlas, Juan, Jon Koldo, Ibán...pero todos Yo Mismo.

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