Mujer asesinada por su marido en Torá (Lleida)

Ayer jueves un hombre de unos 50 años asesinaba a su mujer, de una edad similar, en Lleida (Torá). Le disparaba varios tiros y posteriormente llamaba a la policía para comunicar el suceso por el que fue detenido. Una discusión familiar, quíen sabe por qué motivos…., acababa en un nuevo asesinato, una forma de relacionarse entre parejas que todavía no hemos solucionado, un nuevo asesinato machista, el segundo en 48 horas en Cataluña. ¿algún día sabremos afrontar las crisis sin machismo, sin violencia, dialogando?. ¿Qué clase de parejas se construyen que solo la muerte puede separarlas?.
Con esta mujer son ya 72 las mujeres asesinadas en lo que va de año por sus compañeros o excompañeros (se incluyen una decena de ellas que no son computadas todavía como violencia machista por el Ministerio de Igualdad por seguir en investigación o por no poderse probar el asesinato al haber sido muertes atribuidas a causas naturales tras una discusión, suicidios de mujeres acosadas, etc). Siguiendo la campaña UNA POR UNA esta entrada TRES POR UNA visibiliza a una gran economista socialista y por ello no muy conocida tampoco.. (podéis ver otro listado en el siguiente enlace)

Clarissa Harlowe Barton (Massachusetts (EEUU), 1821 – 1912 )

Sus primeros maestros fueron sus hermanos, mucho más mayores que ella, su hermana Dorothy, maestra de escuela, empezó a enseñarle el alfabeto a Clara cuando tenía dos años y aprendió a leer a los tres años, su hermana Sally le enseñó ortografía y escritura, su hermano Stephen le enseñó matemáticas y ella sabría ya sumar, restar, multiplicar y dividir antes de empezar el colegio, su hermano David le enseño a correr rápido, a jugar pelota y a montar a caballo…
A Clara le encantaban los estudios y era una alumna sobresaliente. Cuando tenía once años, dejó sus estudios por dos años para cuidar a su hermano David, enfermo. Luego siguió sus estudios de gramática, literatura, composición, historia, filosofía, química y escritura y a los 17 años comenzó la carrera de maestra. Fue una verdadera pionera puesto que la mayoría de maestros eran todavía hombres. Trabajó incansablemente en escuelas gratuitas hasta que perdió la voz y tuvo que descansar. En 1854 pasó a ser la primera funcionaria femenina de la Oficina de Patentes en Washington, D.C.. Ganó el derecho a tener un trabajo con escritorio en una oficina del gobierno federal aun cuando las mujeres tenían llevar su trabajo a casa. Su más grande logro como pionera fue cuando casi tenía 40 años. Clara estaba trabajando en Washington cuando las primeras unidades de tropas federales entraron a la ciudad en 1861. Vio la necesidad de su servicio para ayudar a los soldados y se unió a otras mujeres que también daban servicios a nombre de grupos como la Comisión de Sanidad de los EEUU. Al principio el gobierno no la dejaba ir a los campos de batalla, porque eran muy peligrosos para una mujer. Estuvo detrás de líderes en el gobierno y en la milicia hasta que logró licencia para llevar sus servicios voluntarios a los campos de batalla y a los hospitales allí establecidos. Cuidaba a los soldados del Norte y los del Sur por igual. Al final de la guerra regresó a Washington. Allí le esperaban muchas cartas de las familias que preguntaban sobre soldados reportados perdidos en batalla. Una vez más se dio cuenta de otra necesidad y se dio a la tarea de hacer algo práctico al respecto. Organizó un servicio de búsqueda de prisioneros y fallecidos en las batallas, precursor de una de las operaciones mundiales ofrecida por la Cruz Roja Internacional de hoy.
En la década de los 80 del siglo XIX ella pidió apoyo a los veteranos para los derechos de la mujer, pidiéndoles que estuvieran a su lado del mismo modo que ella estuvo al lado de ellos. Entre 1869 y 1873 Clara vivió en Europa. Cuando navegó a Europa en 1869 en busca de descanso, se topó con que allí existía un campo aun más amplio para ayudar. Amigos en Ginebra, Suiza la introdujeron a la idea de la Cruz Roja. Este movimiento pedía acuerdos internacionales para la protección de los enfermos y heridos durante tiempos de guerra sin importar la nacionalidad y para la formación de sociedades voluntarias nacionales que ayuden neutralmente. Fue honrada con la Cruz de Hierro alemana. Clara recibió un llamado más inmediato con la explosión de la guerra Franco-Prusiana en 1870. Aunque no estaba aliada a la Cruz Roja, conocía las necesidades en tiempos de guerra y llegó hasta la zona de guerra con voluntarios de la Cruz Roja Internacional. Al regresar a los Estados Unidos, Clara mantuvo correspondencia con los Oficiales de la Cruz Roja en Suiza. Ellos la veían como el líder natural para traer el movimiento de la Cruz Roja a este país y para influir a los Estados Unidos a firmar el Tratado de Ginebra. En 1877, el principal del Comité Internacional de la Cruz Roja escribió una carta dirigida al Presidente de los Estados Unidos y le pidió a Clara que la entregara personalmente. Aunque Clara presentó la carta como indicado, el Presidente Hayes vio el Tratado de Ginebra como una alianza que comprometía demasiado a los Estados Unidos. Aun así Clara estaba determinada y mantuvo sus esfuerzos hasta que el Presidente Arthur firmó y el Senado ratificó el Tratado en 1882.
En 1881, Clara y un grupo de apoyo formaron la Asociación Americana de la Cruz Roja como una corporación del Distrito de Columbia. Luego de su re-incorporación como la Cruz Roja Americana en 1893, el Congreso concedió Licencias Congresionales en 1900 y en 1905. La licencia de 1905 y sus enmiendas dieron una base para lo que hoy se conoce como la Cruz Roja Americana y apoyó fuertes relaciones de trabajo entre el gobierno federal y la Cruz Roja Americana. La bandera de la Cruz Roja ondeó por primera vez en este país en 1881 cuando Clara solicitaba fondos y ropa en Dansville, Nueva York, para ayudar a las víctimas de los incendios de Michigan. En 1884 fletó barcos de vapor para llevar suplementos por los ríos Ohio y Mississippi ayudando así a familias víctimas de inundaciones. Ayudó durante la epidemia de fiebre amarilla en Florida en 1887. En 1889 ayudó al pueblo de Johnstown, Pennsylvania después de las grandes inundaciones. En 1892, organizó ayudas para los rusos que sufrían de hambre y en 1896 dirigió operaciones de apoyo para desastres en Turquía y Armenia. Ayudó en la hambruna rusa en 1891. Ayudó a los ármenos en 1896. El acto más significativo de Clara durante sus últimos años como cabeza de la Cruz Roja Americana fue llevar abastos y servicios a Cuba durante la Guerra Hispanoamericana. Llevó ayuda a las fuerzas americanas, a los prisioneros de guerra y a los refugiados cubanos. El último trabajo que ella dirigió personalmente fue él de ayuda a las víctimas de la inundación de Galveston, Texas en 1900.
Fueron muchos los países que le rindieron honores por su labor. Fue una de tres delegados de los Estados Unidos en la Tercera Conferencia de la Cruz Roja Internacional en Ginebra en 1884, y fue la única mujer delegado presente. También Clara se interesó en otros campos como, educación, reformas para prisiones, derechos al voto de la mujer y espiritualidad entre otros.

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Pais Vasco - Juan

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